Ruta de la Línea Maginot: guía para ir con niños

Continuando con nuestra serie sobre ‘Viajar por Europa con niños’, no podíamos dejar de reseñar otra ruta interesante (y muy didáctica) para hacer con los más peques de la casa. La ruta de la Línea Maginot es un destino apto para grandes y pequeños, que os permitirá empaparos de la historia bélica del siglo XX y estamos seguros de que os va a motivar de una manera muy especial, sobre todo si vosotros, los padres, sois amantes de los temas bélicos y la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué es la Línea Maginot?

Tras la Primera Guerra Mundial, Francia decidió levantar un muro defensivo a lo largo de su frontera oriental, abarcando las regiones enfrentadas con Alemania e Italia, con el objetivo de evitar nuevas invasiones. Promovido por el ministro de defensa francés André Maginot, se planteó como una solución para cualquier posible futura confrontación: la Línea Maginot como línea defensiva tan gruesa e impenetrable que fuera capaz de frustrar cualquier intento alemán de invasión. ¿El resultado? Un complicado sistema de fortificaciones de hormigón armado y acero repartidas a lo largo de 750 kilómetros que constituye la mayor línea de defensa militar construida en el mundo moderno.

Para haceros una idea general de lo que supuso esta magnífica obra de ingeniería, estos son los datos claves en torno a la Línea Maginot:

  • Sus objetivos principales eran economizar las tropas y compensar los huecos militares causados por la Primera Guerra Mundial, así como frenar a tiempo un posible ataque desde Alemania y permitir la movilización del Ejército francés de zonas más alejadas.
  • Representa la mayor línea de defensa militar construida en el mundo moderno, de una gran complejidad tecnológica y militar. 
  • Su coste total fue de 5.000 millones de francos de la época (más de 5.000 millones de euros). 
  • Comprende 108 fuertes principales a 15 kilómetros de distancia entre sí, además de multitud de pequeños fortines.
  • La línea Maginot no evitó la derrota de Francia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1940, ya que el principal error de estrategia se debió a que la construcción se basaba en la experiencia de la guerra de trincheras, con grandes frentes de batalla estáticos. El hecho de introducir nuevos elementos en el escenario, como las unidades acorazadas y aviones de guerra, así como el uso de nuevas tácticas, hicieron que la Línea Maginot pasase a la historia como uno de los fracasos bélicos más costosos e inútiles.

La ruta Maginot: qué regiones comprende y qué visitar

Construida a lo largo del periodo entre los años 1929 y 1938, la línea de fortificaciones abarca toda la frontera francesa, desde Italia, pasando por Suiza, todo el límite con Alemania y Luxemburgo, exceptuando Bélgica, ya que los belgas construyeron su propia línea defensiva de fuertes con la frontera alemana.

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Desde luego, la Línea Maginot no es un recorrido turístico nada común porque en él podréis descubrir una buena parte de los fortines, fortalezas, búnkers y puestos de vigilancia que os transportarán a los comienzos de la Segunda Guerra Mundial, están abiertos al público y encarnan auténticos museos que conservan de modo impecable su estado original, como si no hubiera pasado el tiempo.

Para llegar es bastante sencillo (lo mejor es alojarse en alguna de las regiones de Alta Francia como Lille o la Alsacia francesa como Estrasburgo o Colmar, y coger allí un coche de alquiler): desde Estrasburgo hay que dirigirse hacia el norte pasando por Haguenau y llegar al bonito pueblo de Hunspach. Una vez allí, hay que adentrarse en el bosque y siguiendo las indicaciones, encontraréis la entrada al fuerte, el Ouvrage Schoenenbourg.

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Entrada al fuerte de Schoenenbourg de la Línea Maginot (imagen propiedad de France Voyage)

Compuesto por más de 1.500 metros de galerías subterráneas ( a 30 metros bajo tierra), ocho secciones y numerosas casamatas en la superficie las cuales pueden visitarse ( Casemate d’Oberroedern Sud, la Casemate de Hatten y la Casemate del Centro Drusenheim), Schoenenbourg fue el fortín que más bombardeos recibió durante la Batalla de Francia (más de 17.000 impactos), aunque su magnífica construcción le permitió salir casi intacto y prácticamente no sufrió grandes daños.

Con los peques podréis recorrer todos los emplazamientos de artillería que a día de hoy siguen funcionando, visitar los depósitos, el hospital, y explicarles para qué servían las salas de comando, las salas de comunicaciones, las barracas de los soldados y los sistemas ferroviarios, que usaban para transportarse de un fuerte a otro y en los que vosotros también podréis montar para recorrer todas las galerías. Por cierto, cerca del Gros Ouvrage Hochwald, que en la actualidad es un centro de coordinación de la defensa aérea francesa, hay un campo de paintball. ¡Seguro que vuestros peques se atreven a iniciar el combate!

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Sala de mandos de Schoenenbourg (imagen propiedad de Mil Millas).

Más allá de la Línea Maginot: cultura, ocio y diversión en la zona

Después de la visita, si os apetece reponer fuerzas y descubrir una ciudad bonita, la localidad de Haguenau tiene grandes atractivos culturales como la iglesia de Saint-Georges y la de Saint-Nicolas, así como artísticos, concentrados en el museo Alsacien y el museo Historique.  Al ir con niños y  como colofón final a un día completo de historia y arte, os gustará saber que además cuenta con un parque acuático llamado Nautiland, que hará las delicias de vuestros peques tras aprender los entresijos de la Línea Maginot y la historia de la Segunda Guerra Mundial.

La Place d’Armes y la Avenue de Wissembourg son dos lugares ideales para pasear, además de concentrar gran parte de su oferta de restaurantes y sitios con encanto. Os recomendamos el restaurante La Porte de Wissembourg (8 Avenue de Wissembourg) donde podréis probar la tarta flammekueche (tarta flambeada), la más famosa de toda Alsacia.

Esperamos que os animéis a hacer la ruta de la Línea Maginot con vuestros hijos y nos contéis todas vuestras aventuras aquí abajo, en la sección de comentarios. ¡Hasta la siguiente entrada!